8.19.2006

Querido Fausto

Querido Fausto.

Oigo hablar de ti en diferentas bocas, caras. Aceras de esta ciudad.
Todos en su momento te han visto.
Se reconocen en ti,
en los carteles que escribes.
En el atuendo de loco pintor que llevas.
Abandonado al arte,
contemplativo y maniático.
Todos hablan de ti con certezas, con lástima.
Se apiadan de tu presencia,
admiran la tenacidad de tus dibujos.
En otros momentos se dice que eres loco
“Ese man está loco”, dicen.
Se quedo así por la droga, por el alcohol.
Fue vicioso.

Algún otro dirá:
Cuando niño lo abandono su madre
Betunaba en los alrededores del mercado, allá por San Roque.
Hasta que un día le robaron el cajón
Se decepcionó y se abandonó por el arte.
Pero muchos no saben, que con los colores del betún comenzaste tus primeros dibujos.
Incluso hoy en los días más malos,
aun se recurre a esos viejos colores.
Técnicas depuradas por la pobreza.
El cajón lo abandonaste por oficio.
La calle era mala, los niños siempre en busca de grescas.
Preferiste el silencio de un pincel.

Pero en lo más hondo queda el recuerdo de los espasmos
y los ataques, provocados por el miedo y la violencia de la epilepsia.
Nunca fuiste abandonado por tu madre al parir.
No eres un huérfano o un bastardo.
Ella se fue a España a mejorarse, a trabajar, pero con el tiempo nunca más se acordó. Tu padre un borracho desalmado que te agredía con tanta violencia que preferiste la calle, el frío y los piojos. Contrario a los golpes y remordimientos de una delirante botella.

Hay días, sin previos avisos o llamamientos que tu hermana
se acerca a la iglesia a saludarte.
Cansada de suplicas para que abandones esa vida y te bañes.
Te olvides de mal gastar tu tiempo en los dibujos
Que rehagas tu vida.
Que dejes de apestar y vivir como una rata.
Acostumbrada a verte sentado a lo largo del muro de la iglesia.
Resignada deja caer unas monedas en tu mano
Te suplica con la mirada en silencio, una última vez.

Quizás por ello también circula el rumor que eres rico
Que tu familia vive acomodada en algún lugar de San Juan.
Que no eres un pobre diablo cualquiera.
Tu familia tiene dinero.
Que te volviste loco y te escapaste
Incluso afirman que tu padre, fotógrafo del parque Alameda
ha venido por ti, te asea, te cambia de ropa; pero que a los pocos días te vuelves a escapar de su violencia y regresas al muro.
Con el tiempo, desalentados de tanta insistencia,
Fausto, resignado a saber que la vida en familia seria abusos
y borracheras constantes, decidido, se marcho.
Y ellos a su vez, le dieron al abandono.

Y ahora, deambulas por los alrededores de la Iglesia de San Francisco
Eres medianamente feliz como cualquier otro individuo,
Ofrendado a la pintura.
Un oficio puntual,
como cualquier trabajo de reloj.
De 9 a 8 en punto.
luego de la última misa.
Una última parada en la intersección de la ruta de buses.
El entorno esta familiarizado con él
¡Hola Fausto¡
¡Como te ha ido Fausto¡
O claramente ¡¡FAUSTO¡¡
desde la ventanilla de un automóvil que se aleja.
Con las monedas juntadas,
Va hacia la vecina
La señora de la tienda.
Retira su cobija que le encomienda por las mañanas,
Paga por leche, pan y algún otro bocado que le alcance.
De la camisa cuelga una llave abrillantada.
abre el candado a un arrabal de cuartos y pasadizos
Camina con confianza en la oscuridad.
Al llegar a un recodo del pasillo laberíntico,
acomoda su carga, descansa su banco y contempla en silencio,
escucha con detenimiento las ventanas aledañas.
Los rumores que desprenden los convivientes.
Recostado a lo largo de un pasillo angosto.
De piedra ruda y fría.
Desde su vista se pueda apreciar la loma del Pichincha
Con brisas frías que bajan del sinuoso perfil de las montañas quiteñas.
Duerme con sus partencias cercanas al tacto
Predecibles al hurto
Duerme con Cristos y Feligreses
Duerme en colores.

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